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Obituario de Mario Bunge

MARIO BUNGE (1919 Buenos Aires – 2020 Montreal)


Nos ha dejado Mario Bunge, el famoso filósofo, epistemólogo y científico de origen argentino y que alcanzó los cien años de vida, por cierto una existencia plagada de experiencias en las que destacó su aporte a la filosofía de las ciencias, especialmente a la filosofía de la ciencia natural.

Publicó cientos de artículos en revistas especializadas de Europa, América Latina, Estados Unidos e incluso de Asia. Asimismo escribió no menos de 50 libros, traducidos a diversas lenguas, incluyendo en algunos casos a destacados científicos como co-autores. Vistos en el trance, por cierto forzado, de tener que elegir sus obras más representativas, se pueden elegir al menos dos, La investigación científica, por representar uno de los primeros clásicos formativos para generaciones de estudiantes en Latinoamérica interesados en metodología científica, y Treatise on Basic Philosophy en 8 volúmenes por ser un dechado de rigor conceptual, argumentativo y originalidad. Otro texto clásico que debería citarse pues parte de su contenido fue expuesto en lecciones dictadas por Bunge en los años 50 en Chile es Causalidad, El principio de causalidad en la ciencia moderna, que fue publicado inicialmente en inglés.

Bunge incursionó con éxito en la filosofía de la física, de la biología, de la psicología, de la sociología, e incluso su punzante estilo de escritura alcanzó a la filosofía de la economía. Se declaró, a través de sus libros y entrevistas, como un admirador de los sistemas de gobierno socialdemócratas, es decir aquellos que combinan de una manera muy equilibrada el incentivo a la inversión, al desarrollo tecnológico, junto con un arraigado respeto a los derechos humanos, a los ritos democráticos, a la sensibilidad social y al cuidado del medio ambiente. Si bien no era ni podía ser creyente no escondió nunca su admiración y respeto por figuras religiosas que abrazaron – a veces al precio de sus propias vidas - algunas de las causas sociales que él consideraba de gran nobleza, como la de Ignacio Ellacuría en El Salvador.

Mario Bunge fue investido como Doctor Honoris Causa por más de una docena de universidades de todo el mundo, le otorgaron el premio Príncipe de Asturias de Humanidades y Comunicación en 1982, la Beca Gugenheim en dos oportunidades, etcétera. Se jubiló como profesor emérito de la Universidad McGill de Montreal y, se mantuvo vigente hasta hace un par de años a través de conferencias y de su asombrosa producción científica.

Los llamados “ismos” con los que se suele clasificar la obra de un pensador que ha dejado una impronta relevante, en el caso de él es muy generosa. Fue, por ejemplo, un materialista emergentista, un realista científico, un racionalista completo, un humanista. Y en cada una de estas posturas por él suscritas se ventilaban, a veces, ácidamente, polémicas con señeras figuras o escuelas del pensamiento contemporáneo. Recuérdese sus críticas a Karl Popper y Noam Chomsky como racionalistas a medias, o su antagonismo con las ontologías suscritas por los materialistas fisicalistas y reduccionistas como los del Círculo de Viena. Un punto aparte es su permanente ataque a las llamadas pseudociencias, lo que le alejó de escuelas psicológicas bastante arraigadas en su país de origen o en Francia. Si bien fue un crítico permanente de ciertas concepciones metafísicas contemporáneas (el existencialismo, la fenomenología y en particular, el postmodernismo filosófico) sus propias concepciones filosóficas están cruzadas por supuestos innegablemente metafísicos, esto es claro en su defensa del realismo científico, del sistemismo, del materialismo y del emergentismo, concepciones que Bunge solía englobar como hilorrealismo

Asimismo fue un crítico del pensamiento marxista, con el cual había simpatizado en su juventud, pero al que en su madurez consideraba esclerotizado, especialmente porque – en su opinión - la concepción de la materia en el marxismo no se había actualizado a la luz de la ciencia contemporánea. Fue también, como ya dijimos, un cuestionador impenitente -pero a veces abusando de las generalizaciones y de la reconstrucción poco rigurosa- de la filosofía postmoderna en cualquiera de sus formas y, en general con las filosofías alemanas y francesas inspiradas en Martin Heidegger, Jean Paul Sartre y demás fenomenólogos y hermenéuticos.

Mario Bunge fue, se podría decir, un ácido y agudo polemista que se ganó muchos detractores, algunos de ellos, tal vez insólitamente, en la comunidad filosófica de su propio país de origen. Evidentemente, su persistente e implacable actitud crítica hacia toda forma -desde su perspectiva-de cultivo de conocimientos o actitudes incompatibles con el discurso científico y toda pseudo epistemología -de nuevo desde su perspectiva- que evitaba el escrutinio argumentativo riguroso (incluyendo variantes de etnociencias, medicinas tradicionales, feminismo científico, entre otras) lo terminaron haciendo un filósofo fuera de este tiempo. Sin embargo, es claro que a Bunge esta consecuencia le importaba poco pues uno puede suponer que, consciente del valor de su obra, sabía que, nos gustase o no, deberíamos encontrarnos en algún momento con ella y esa, en el fondo, es la última ambición de alguien que busca que pensemos por nuestra propia cuenta. Y esa era la ambición fundamental de Bunge.

Marcelo Díaz S.         Wilfredo Quezada P.