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Dra. Diana Aurenque en Congreso Futuro: “Somos ‘enfermos’ en comparación con el animal no humano porque requerimos de una serie de mecanismos ajenos a la naturaleza para asegurar nuestra existencia”

El maravilloso “animal enfermo” que somos

En la historia de la filosofía, encontramos múltiples definiciones y concepciones que intentan dar cuenta de aquello que somos. Durante siglos se nos ha entendido como seres racionales, técnicos, culturales, políticos, afectivos, entre otras muchas descripciones. Y sin duda, cada una de ellas indica una dimensión que efectivamente somos. Pero de la multiplicidad de determinaciones antropológicas, hay una menos conocida y que nos ofrece una compresión peculiar de nuestra especie; una que parece ser más sugerente que nunca en pleno tiempo pandémico. Me refiero a la definición de Friedrich Nietzsche del ser humano como “el animal enfermo”.

Que somos animales los sabemos al menos desde Charles Darwin en adelante. Pero eso de que también somos “enfermos” nos es más extraño. ¿Por qué “enfermos”? Nietzsche nos denomina “enfermos” no en un tono negativo, sino en un sentido metafórico y comparativo. “Enfermos” no por padecer de una patología médica concreta -como el COVID-19 o un cáncer-, sino porque en comparación con los demás animales, el ser humano no se guía solo por los mecanismos evolutivos que le dicta su biología. Dicho más claramente: el ser humano se realiza plenamente como humano más allá de lo que su naturaleza le impone.

Somos animales, al igual que otros, en la medida de que compartimos un cuerpo orgánico, una biología común atada a las mismas reglas de todo lo que vive y perece. Nacemos, debemos alimentarnos y cobijarnos, y en algún momento moriremos. Pero el ser humano es un “animal enfermo” porque su verdadera “salud” no está dada por naturaleza, su ser “sano” no se asocia a su solo mantenerse con vida, sino más bien por construir una existencia con un sentido propio. Ese sentido, jamás viene programado ni por una genética ni como resultado de meras reacciones bioquímicas; se trata de un edificarse a sí mismo por medio de una construcción biográfica y narrativa, que es siempre individual, técnica y cultural.

Así, somos “enfermos” en comparación con el animal no humano porque requerimos de una serie de mecanismos ajenos a la naturaleza para asegurar nuestra existencia. Mientras que los animales encuentran en ella su propia forma de salud; el humano inventa su “salud” y la resguarda y genera por otras vías -la medicina, la ética, las instituciones, la política, las tecnologías, la filosofía, el arte, por nombrar algunas. Todas estas son todas posibilidades que trascienden lo natural y que hemos concebido para protegernos y realizar así una vida genuinamente humana.

Precisamente la “enfermedad” del animal que somos, esa incapacidad que tenemos de solo vivir por vivir, de contentarnos con sobrevivir, se traduce a su vez, como una “maravillosa” posibilidad de ser. Gracias a esa “enfermedad” natural originaria, somos animales éticos, autoconscientes de lo que somos, atentos a lo que nos rodea y fervientes necesitados de crear siempre una nueva “salud”. Justamente porque nacimos algo “enfermos”, carentes de un sentido natural dado de ante mano, somos la maravillosa posibilidad de transformación y resignificación. Un maravilloso “animal enfermo” que sabe ser “sano” de una y mil formas; una y mil veces.

Nota publicada en web de Congreso Futuro.