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Herbet Marcuse por Mario Sobarzo

El 19 de julio de 1898, en Alemania, nace el filósofo y sociólogo Herbert Marcuse. Para saber más de su pensamiento y aportes, conversamos con el acádemico del Departamento de Filosofía de la Usach, doctor Mario Sobarzo.

¿Qué te motivó a estudiar a Marcuse?

Yo no llegué directamente a Marcuse, llegué primero a Theodor Adorno que es otro filósofo de la Escuela de Frankfurt, ellos fueron los fundadores en conjunto con Max Horkheimer y Erich Fromm y otros autores de este centro de estudios que se dedicó durante la época previa al desarrollo del nazismo a investigar el proceso de evolución de la sociedad industrial avanzada, mezclando elementos de distintas corrientes, fundamentalmente, el marxismo en primer lugar, pero también del psicoanálisis. También elementos de lo que es la sociología crítica alemana de Kant, de Hegel, etc. O sea una serie de autores que pasan a ser parte del repertorio de estos autores. Yo llegué a Marcuse y a la escuela de Frankfurt para separarme un poco de la línea que era la dominante en mi departamento de filosofía de ese momento y que, en general, es bastante dominante a nivel nacional, de estudiar a este filósofo que era cercano a los nazis, muy cercano, de hecho fue rector colocado ahí por los nazis, que era Heidegger. La verdad era un filósofo que me resultaba intolerable y, en ese contexto, me alejé de las corrientes que dominaban a mi departamento, mi universidad, mi escuela y, en general, en Chile y me dediqué a estudiar la escuela de Frankfurt. No llegué a Marcuse directamente, sino fundamentalmente por Adorno, pero al entrar en contacto con Marcuse descubrí a un autor que tenía características propias, muy distintas o no tan distintas pero por lo menos distintas en algunos aspectos, con respecto a Adorno. Por ejemplo, respecto a la relación entre teoría y praxis. El gran punto de lejanía el año 68, entre Marcuse y Adorno fue, justamente, primero el levantamiento de los estudiantes universitarios el cual Adorno consideraba que era una corriente neoconservadora que se estaba instalando en las universidades, versus la mirada de Marcuse que valoraba la movilización social, valoraba la movilización estudiantil y que, además, se puso de parte de Vietnam en la guerra de Vietnam, que era el principal conflicto bélico de ese momento, de esa década, entre los 60 y los 70. En contraste con lo que ocurrió con Adorno que era bastante crítico respecto de los comunismos orientales y, por supuesto, también de las formas de organización de los estudiantes en asamblea. A él le parecía que ahí se incoaba cierta tendencia hacia el fascismo y, de hecho, fue su discípulo Jürgen Habermas, quien remarcó y puso en tensión lo que fue una asamblea estudiantil cuando acusó a uno de los integrantes de esa asamblea de ser un fascista de izquierda, que es un concepto que ha sido utilizado sistemáticamente por los socialdemócratas hasta el día de hoy. Así que en este sentido, tiene que ver con esta posición política, con esta acción política que Marcuse consideraba que era inherente y consustancial con la filosofía. Eso fue lo que me llevó a acercarme a él. 

Frase o idea que elegirías de este filósofo

Son muchas las frases, ideas, palabras, conceptos que Marcuse desarrolló a lo largo de su vida. Ya he hablado acerca de su valoración, de su respeto, por ejemplo, de las revoluciones socialistas en sudamérica y centroamérica, como es el caso de la cubana, o del apoyo que le brindó a los estudiantes universitarios en contexto del mayo del 68 y, también, por supuesto, en la guerra de Vietnam, en apoyo a Vietnam en su lucha contra el imperialismo norteamericano, pero me quiero quedar con la idea que está en su libro más conocido que fue una especie de ícono, de bandera de lucha dentro de lo que fueron las movilizaciones del año 68, lo que ha sido llamado por los diferentes autores, una gran revolución mundial. La frase está en el libro El hombre unidimensional, como digo, era casi un manifiesto para los y las estudiantes del año 68 y me quedo con esta frase porque Marcuse se anticipa a algo que va a ser hoy día una especie de moda construida fundamentalmente a partir del obrerismo italiano, de lo que es la corriente que se articuló en torno a Mario Tronti, Antonio Negri y otros autores y que, en alguna medida, muestra el anticipo, lo primigenio del análisis que estaba realizando Marcuse en sus lecturas de Marx. La frase se encuentra en la edición de la editorial Seix Barral y está en la página 67 por si quiere buscarla alguna persona. Él está analizando lo que es la relación con el trabajo en el marco del análisis que realiza Marx, donde Marx desarrolla el tema de la automatización, un concepto que posteriormente no desarrollaría, no lo va a abordar en el tomo 2 y el tomo 3 del capital, que hubiera sido lo razonable que él desarrollara, pero hay que tener en cuenta que en la época de Marx el automatismo, la automatización era un fenómeno que todavía estaba muy lejano, a diferencia de nosotros que hoy día tenemos internet, tenemos la posibilidad de las impresoras 3D, etc. que han tendido hacia esa automatización. ¿Qué dice Marcuse?, ¿qué es lo que señala? Dice:

“La automatización parece ser en realidad el gran catalizador de la sociedad industrial avanzada. Es un catalizador explosivo o no explosivo en la base material del cambio cualitativo, el instrumento técnico del paso de la cantidad a la calidad. Porque el proceso social de la automatización expresa la transformación o, más bien transubstanciación de la fuerza de trabajo, en el que ésta, separada del individuo, deviene un objeto productor independiente, y por tanto, un sujeto en sí mismo.
Cuando llegue a ser el proceso de producción material, la automatización revolucionará a toda la sociedad. La reificación de la fuerza humana de trabajo, llevada a la perfección, sacudirá la forma reificada, cortando la cadena que liga al individuo con la máquina: el mecanismo a través del cual su propio trabajo lo esclaviza. La completa automatización en el reino de la necesidad abrirá la dimensión del tiempo libre como aquel en que la existencia privada y social del hombre se constituirá a sí misma. Esta será la trascendencia histórica hacia una nueva civilización”.

Aquí Marcuse adelanta muchos aspectos que el mismo Marx había pensado y que es inherente al proceso de desarrollo capitalista. El capitalismo lleva a que la contradicción principal que es la producción colectiva de la riqueza, la producción colectiva de lo que es el capital, tenga su contradicción fundamental en la apropiación privada que se hace de este trabajo, de este capital que se convierte de trabajo vivo a trabajo muerto y, de trabajo muerto, se convierte en capital y, mediante ese mecanismo puede el capitalista apropiarse de él, se puede apropiar de la fuerza viva que el trabajador transmite. Marx pensaba y lo anticipa en ese texto, ese fragmento sobre las máquinas, que esa contradicción se va a ir exacerbando y no va a tener resolución en el marco del capitalismo porque este caracter colectivo de la producción producto del automatismo va a poner en evidencia las contradicciones con la apropiación privada que realizan algunos capitalistas. Es decir, anticipa, sin quererlo Marx y Marcuse en su lectura, algo que va a ser muy desarrollado por los obreristas italianos y, en particular ahora, por las corrientes de estudio de la biopolítica que tiene que ver con el trabajo inmaterial y con la posibilidad del desarrollo de un sujeto social que se apropia de lo colectivo, que se apropia colectivamente del resultado del producto, de la producción social. Ese cambio va a significar que el trabajo manual y lo que es el trabajo intelectual y, por otra parte, el tiempo libre y lo que es el tiempo de trabajo tiendan a diluirse porque, en el fondo, vamos a avanzar hacia una sociedad en que las máquinas nos van a permitir a nosotros tener ese tiempo libre y nosotros vamos a producir un trabajo creativo sin necesidad de tener que estar simplemente haciendo trabajos repetitivos, manuales, que embrutecen a la persona en vez de ayudarla a desarrollarse en plenitud. 

¿Cómo influyó en el pensamiento de la sociedad?

Fue un autor ícono, de moda, otro libro de él va a ser uno de los puntos de referencia de la revolución sexual que va a marcar la lectura de él con respecto de Freud y Marx, cómo leer a Freud en clave marxista. Un autor muy citado, leído, interpretado en la década de los 70. Aquí es donde viene lo interesante porque después de la década de los 80 con la caída de los socialismos reales, Marcuse vendría a ser olvidado, de hecho su centenario pasó sin pena ni gloria a diferencia del centenario, por ejemplo, de Adorno que hubo seminarios, yo participé incluso en el seminario que realizó el Goethe Institut en conjunto con la Universidad Arcis y la Universidad de Chile en su momento, un seminario bastante grande y que hoy día no se pensó ni se hizo nada ligado a Marcuse. Eso llama la atención de hecho algunos investigadores de esa época decían que les llamaba la atención lo mal que había envejecido Marcuse. Yo no coincido con esa hipótesis, yo creo que la lectura de Marcuse, ocurre con los filósofos y con las filósofas, que tienden a quedar fuera de moda en una época. Ocurrió, por ejemplo, cuando estaba el discurso biopolítico. Pero creo que él va a ser revalorizado cuando estos discursos de moda pasen y nos demos cuenta que muchos de los análisis sobre la sociedad industrial y las transformaciones del capitalismo en ese marco son cosas que él venía señalando desde mucho antes. 

¿Qué le preguntarías a Herbet Marcuse?

Hay bastantes cosas que me gustaría preguntarle a Marcuse si pudiera hablar con él. En primer lugar, cómo lee el proceso de transformación del capitalismo que ha tendido hacia la automatizazción. Cómo observa el rol de los neoimperialismos que hoy día se han situado a nivel mundial y que tienen un mundo multipolar donde no ha desaparecido el imperialismo pero han aparecido nuevas potencias imperialistas que están ejerciendo su influencia en los países menos desarrollados a través de sus industrias. El caso de China es uno pero, por supuesto, los Estados Unidos sigue siendo el gran ente mundial que tiene mayor dominio sobre la realidad, pero también ocurre eso con Europa. Y, por supuesto que en ese contexto de estos neoimperialismos que aquí vemos, también la descomposición y la destrucción de Estados que ellos han realizado. Hay que recordar que la media luna subsahariana es un lugar que hasta hace poco tiempo tenía gobiernos, Estado y hoy día en Libia tenemos un desorden, de una verdadera anarquía. En Siria generaron una guerra civil que destruyó al país. En el Líbano donde está constantemente el conflicto con Israel producto de los intereses imperialistas y expansionistas de este último Estado. Como en Egipto donde se instaló una especie de oligarquía muy conservadora religiosamente. Entonces cómo ve él ese tema del resurgimiento de un imperialismo y, además, dónde ese imperialismo muchas veces exacerba elementos religiosos que hasta ese momento no eran los dominantes en la década de los 60 y 70. Creo que esa es una discusión, una pregunta que me gustaría hacerle a Marcuse y si sigue pensando que la vía de la revolución, la vía de la transformación social de las relaciones de producción por vía acelerada es una forma de poder salir de esta crisis que hoy día adquiere dimensiones distintas. Él también lo señaló en algún momento respecto de la destrucción del planeta mediante lo que es la contaminación y la sobreexplotación. Eso que como digo, lo anticipó en este libro Eros y civilización, que es una lectura de Freud, cómo ve él ese proceso, qué es lo que piensa respecto a este proceso de expansión del capital a los niveles que él venía señalando en la década de los 70.