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Columna de la Directora Diana Aurenque: Violencias frente a frente

(*) Columna escrita por la Directora del Departamento de Filosofía, Dra. Diana Aurenque, publicada originalmente en La Tercera

SEÑOR DIRECTOR

A partir del último aniversario del 18 de octubre el debate sobre la violencia se vuelve tema de agitadas discusiones. Y en estas se advierten grandes atropellos argumentativos.

La violencia en singular no existe. Hay una multiplicidad de actores que de algún modo la ejercen o padecen. Por motivos diversos, desde quienes la utilizan como instrumento político antisistema hasta quienes parecen no tener razones, sino rabia, odio, jolgorio o, peor, indiferencia. Pero también existe la violencia legítima que puede, e incluso, debe ejercer el Estado para proteger a su ciudadanía. Aquí habría entonces que distinguir al menos entre dos violencias, una legítima estatal y otra insurrecta.

El problema en el que nos vemos es que ambas violencias no se reconocen frente a frente, y se acusan una a la otra como ilegítimas: el Estado condena a los violentistas, y estos últimos entienden al Estado como violento y lo violentan.

¿Qué desconocen? Unos, la derecha y el oficialismo, ignoran el diagnóstico de las causas sistémicas y psicológicas de la violencia; esa que se origina en el olvido de la política pública, ahí donde el narco llegó a ganarle al Estado. Los otros, los denominados “violentistas”, sí conocen las causas, pero al justificar su reproducción las confunden con sus efectos. La falacia aquí es naturalista: que alguien sea violentado de hecho, del tipo que sea y por lamentable que nos parezca, no implica que puede o debe violentar.

¿Cómo enfrentar entonces la violencia? Con una política y un Estado que sean más médicos: que reconozcan las causas, comprendan su explicación no para justificar su reproducción, sino para combatir el origen mismo de la enfermedad: la inequidad espantosa que nos divide y el desapego y desconfianza con el Estado. Un Estado que, quizás no confunde causas con efectos, pero solo porque no asume que es parte de sus causas.