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Columna de la Directora Diana Aurenque: La “duda ex nihilo” y la respuesta imposible

(*) Columna escrita por Diana Aurenque, Directora del Departamento de Filosofía, publicada originalemente en The Clinic

La polémica en torno al test de drogas de Boric es un claro ejemplo del implacable poder de una “duda ex nihilo”. “Ex nihilo” porque venía “desde la nada”; nunca esa duda tuvo realmente una pregunta de donde pudiera surgir una respuesta.

No, la duda que instaló Kast sobre el posible consumo de drogas de Boric era “de la nada” porque en rigor no era duda, era un rumor; una voz lanzada al viento que, sin sustento ni fundamento, sin algo, se esparce.

Lo grave es que la duda y el rumor son muy distintos. Mientras que la última es como un ruido que nada necesita para instalarse (solo su enunciación), la duda interroga o desconfía de algún conocimiento, de alguna “verdad” por pobre que seaPero pese a ser distintos epistémicamente, devienen en lo mismo: fundan sospecha.

Cuando Boric respondió con el test al rumor de Kast el acto pareció triunfante. Pero tras los cuestionamientos posteriores (fecha del test o que no era test de pelo) Boric rápidamente fue destronado y transformado en Sísifo; atrapado en un esfuerzo inútil que no termina.

¿Qué pasó? Pasó que Boric al responder a un rumor lo validó como duda; le dio respuesta a algo que jamás podía ser respondido. Porque si un rumor, como dijimos, necesita nada para existir mucho menos requiere de algo para desaparecer. El rumor es el más sutil desprecio por la verdad.

Pero ¿por qué cayó Boric, con toda su inteligencia, en este engaño? ¿Por qué, si tanto sabemos de las estrategias populistas de las fake news a lo Steve Bannon, aún caen tantos en las artimañas de Kast?

No puede ser por pura tontería. Me resisto a creerlo y pienso que tiene una explicación asentada en algo más profundo, en una posibilidad humana, que la filosofía bien conoce. La instalación del rumor, e incluso de la mentira, como preguntas o dudas legítimas es posible porque toca una fibra que nos constituye: el preguntar.

Y preguntar no solo se ubica con el origen mismo de la filosofía – en su despliegue como un permanente interrogar; en poner en cuestión todo cuando sale a su paso: lo que somos y es el mundo, lo que (nos) debemos o lo que podemos conocer -, sino que, además, preguntar incumbe, como indicó Heidegger, nuestra naturaleza misma como seres humanos.

No es que seamos interrogadores a veces, sino que somos lo que somos porque preguntamos; porque no estamos solo absortos en nuestras ocupaciones y labores, sino que podemos siempre pausarla y distanciarnos de ella. Esa distancia es interrogar, es pensar.

Esa fibra pensante que somos es la que toca el rumor. Sin prueba o requerimiento alguno, el rumor se instala justamente cuando se activa el pensamiento; la rueda de ilimitadas posibilidades y especulaciones se pone en marcha. Y como no podía ser de otro modo, el rumor se asienta como una “duda ex nihilo”.

Pero recordemos: la “duda ex nihilo” es distinta de la duda a secas. Porque dudar no es pura carencia de verdad, pura falta de conocimiento, no surge desde una “nada”, sino que surge de algo, de un saber que se sospecha. La duda tiene por ello siempre “un poco de verdad” que interrogar. Y donde hay poco, puede haber más. Pero donde nunca hubo, nada habrá -solo hay ruido, rumor, hay nada.

Filosofía Usach